
Han pasado diez ediciones, varios cambios en la dirección del Moto Club Cingles de Bertí y veintitrés años desde la última vez que estuve aquí, entre estas líneas.
Entes con personalidad propia, tanto el Moto Club como los “Cingles” han ido mutando para adaptar el trial al signo de los tiempos, convirtiéndolo en el eje vertebrador de una comunidad con una clara de entender las cosas en Sant Feliu de Codines.
Así, los “tres días” han pasado a “dos”, se ha abierto una nueva categoría base para acercar la carrera a participantes noveles que lo reclamaban a gritos desde hace tiempo y los propietarios de los terrenos por donde discurre el recorrido siguen depositando su confianza en la organización.
Y para darme cuenta de todo esto, sólo me ha bastado mantener, en el Centre Cívic, una conversación de sobremesa con veteranos pilotos curtidos en estas zonas, jóvenes y no tanto que van a participar en su primera edición, algún que otro virtuoso también con la bicicleta y padres e hijos que van a compartir carrera, pero todos con un denominador común: la certeza de que en cada piedra, en cada giro y cada dificultad del trial, no habrá abracadabra que valga, sino la firme determinación de salir entre las flechas de fin de zona sabiendo que lo has dado todo y que no has dejado nada en el tintero.
SEAN TONINETTY
