
El impulsor de la prueba recuerda, en una entrevista publicada en Solo Moto en 1989, cómo nació el proyecto, la inspiración en los Scottish Six Days Trial y los primeros años de una cita que acabaría convirtiéndose en uno de los referentes del trial. A continuación, reproducimos íntegramente el texto original.
«Els Tres Dies dels Cingles” fueron una ilusión de mi juventud, que se quedó a la mitad porque la idea inicial que teníamos, junto a Josep Luís Vilanova, Antonio Martínez, que en paz descanse, Jordi Fornás, y Jaume Argemí, era la de hacer unos “Seis Días”.
Unos “Seis Días” montados al estilo de los de Escocia. Nosotros hicimos un proyecto de recorrido según el cual se verificaba en la Plaza de Cataluña de Barcelona, y al día siguiente empezaba la prueba cruzando Barcelona hasta el río Besós. Para subir por ahí hasta la Riera de Caldes, y por ella hasta Caldes de Montbui. En este momento no lo recuerdo exactamente, pero subíamos hacia Sant Feliu, estábamos 4 días allí, y volvíamos. Esta era la idea general de nuestro proyecto, pero todo se quedó en una prueba de 3 días con salida y llegada en Sant Feliu.
Cuando pusimos en marcha “Els Tres Dies dels Cingles”, lo hicimos convencidos de lo que hacíamos y con un apoyo bastante popular.
De hecho, “Els Tres Dies dels Cingles” vinieron a sustituir al trial de Sant Feliu, que lo hicimos dos años seguidos, y en la segunda edición del mismo realizamos una encuesta para saber cuál era el tipo de zonas que más gustaba por aquel entonces. Y ello dio una confianza y relación muy directa entre la organización y los participantes.
Cuando formamos el Moto Club, teníamos 16-17 años y nos vimos obligados a buscar un Presidente, Vicepresidente y tesoreros de más de 21 años, que era lo reglamentado entonces. Así contactamos con Ildefons Vilanova, que pertenecía a un grupo de más edad que hacía trial, y que formaron parte de nuestro grupo por necesidad.
Los “Cingles” eran una ilusión, y puedo asegurar que durante muchos años formaron parte de mi razón de vivir, quizá dediqué más tiempo de “Els Tres Dies dels Cingles” que a muchas cosas mías.
Al quedar descartada la idea de unos “Seis Días”, quisimos que nuestra prueba no fuera igual a la de Santigosa, que no se viera como una cosa copiada, calcada. Para ello se varió el tema de las salidas, saliendo los componentes de un mismo equipo a la vez, y permitimos la ayuda entre los miembros de cada uno con tal de potenciar la idea de equipo. Nosotros habíamos corrido en Santigosa, y a tus compañeros de equipo no los verás en todo el día.
Creímos que este era un punto a variar, y que podía darnos una identidad propia como prueba.
También se copió de los Seis Días de Escocia, el hecho de ir sin tarjetas. Esto se hizo principalmente porque íbamos justos de personal en las zonas, y ello implicaba que en algunas zonas hubiera un solo control. Creímos que así se ganaba tiempo, y aunque en su momento tuvimos muchos detractores, actualmente todo el mundo sabe que irá sin tarjeta, y van con toda tranquilidad porque se ha demostrado una seriedad fuera de toda duda en las puntuaciones.
También recuerdo perfectamente, porque se hizo internacional la primera edición. Esta no debía serlo, y en cambio, lo fue. Y lo fue porque la Federación Española puso una prueba del nacional el mismo día. Estuvimos todo el año intentando que cambiaran la fecha, siempre con negativas por respuesta, e incluso Jordi Fornás cogió su Impala y se fue personalmente a Ibi para hablar con el Moto Club local. Jordi volvió con la carta firmada conforme ellos estaban dispuestos a buscar una nueva fecha, pero en Madrid se reafirmaron en su postura y aseguraron que no la variarían bajo ningún concepto.
Viendo esto, optamos por hacerla internacional, y gracias a Montesa y Bultaco vinieron Chandler, Khranstover, Kemp… Y vaya, este fue el verdadero motivo de que la prueba fuera internacional desde el principio. Chandler ganó aquella edición, pero el segundo fue Manuel Soler, por aquel entonces Júnior, que ganó el 2° y 3º año. Aquella pudo haber sido su primera gran victoria.
También recuerdo con especial cariño el que algunos pilotos, como Cucurella Blanch, Bordas, etc., se desplazaron a Sant Feliu, una vez finalizado el trial de Ibi, para tomar parte fuera de concurso el resto de jornadas.
Más tarde, en la tercera edición, se subió al Mas Badó. Fue una decisión de última hora, pero que se convirtió en una gran decisión, puesto que así se descongestionaba Sant Feliu. Y al tiempo se convertía el hotel en el centro de operaciones, donde quedaba todo más ligado. Y pienso que fue a partir de entonces cuando “Els Tres Dies dels Cingles” cogieron una fuerza increíble.
Mas Badó era, además, un centro de alegría. A partir de las 6 en que todos habían acabado su prueba, entre la merienda, la cena, las tocadas de guitarra y acordeón… creo que la gente se lo pasaba realmente bien. Se llegó a un grado de amistad entre todos los participantes, y no había diferencias entre los pilotos de élite y los que habían comprado la moto 15 días antes.
En estos momentos me sabe muy mal el haberme apartado de “Els Tres Dies dels Cingles”, pero lo hice porque vi que había que cambiar las cosas, y al proponerlo entre mis compañeros de junta no se compartió la idea. Se tenía que montar más de acuerdo con las circunstancias que había en aquel momento, en que los pilotos ya eran mucho más profesionales, y quizá se debió de haber pagado para que viniesen. Se tenía que haber hecho una estructura de la prueba más profesional.
De todas formas, sigue siendo una prueba que quiero mucho, que siempre que estoy fuera hablo de ella intentando que vengan pilotos de élite… para mí son lo que han sido siempre. Lo que pasa es que no trabajar en la prueba es duro”.
Entrevista realizada por Nacho Bertrán y publicada en Solo Moto (1989). Reproducida íntegramente por el Moto Club Cingles como documento histórico.
